Perpiñan
La ciudad vecina de Perpigñan en Francia ―digo vecina para los que como yo vivimos en Barcelona― ha tenido durante años asociada la libertad. No hace tanto era la ciudad donde ir a ver películas porno que no llegaban a España por la represión franquista. Hoy en día Perpiñán no es más que nuestra vecina francesa, esa pequeña ciudad que no creció demasiado y donde solemos hacer un alto en el camino rumbo a nuestro destino vacacional en la Costa Azul o en los pirineos orientales franceses.
Muchos son los que hemos pasado por Perpignan sin detenernos si quiera para saber que nos ofrece la ciudad. Así que un buen día decidimos volver un día antes y alojarnos una noche en el Appart'Hôtel Chateau La Tour Apollinaire, a cinco minutos a pié del centro de la ciudad y ubicado en un antiguo palacete francés.
Por la mañana tras tomar un exquisito desayuno, nos encaminamos al centro de la ciudad para descubrir que tienen Perpiñán preparado a sus visitantes. Comenzamos por el conocido Castillo de los Reyes de Mallorca, del siglo XIII. Esta conservada ruina se encuentra en lo alto de la colina Puig del Rei, una caminata de 10 min. seguida de alguna escaleras. En el exterior una gran planicie cubierta de césped te da la bienvenida al interior del edificio mediante el pago de una entrada. Una vez dentro y con un mapa, puedes visitarlo todo! Destacan especialmente el bonito patio honor, la capilla revestida de mármol rojo y blanco y la Gran Sala de Mallorca.
Bajamos de nuevo al centro para pasear por el agradable boulevard o jardines Terrus a orillas del río Tet. Llegamos a la Plaza Aragó y continuamos hasta la Catedral de San Juan Bautista. Este bonito edificio religioso en estilo gótico fue construido entre 1324 y 1509. En el interior destacan los preciosos retablos en estilo gótico. Nuestro siguiente destino está muy cerca de la catedral. La Capilla de Cristo Devoto que conserva en su interior la figura del mismo nombre originalmente alemana y traída a la ciudad en la edad media.
Muy cerca nos dirigimos al plato fuerte de Perpiñán: el claustro-cementerio. Este conjunto único en toda Francia combina una interesante arquitectura, materiales lujosos y una disposición única para un cementerio. Las cuatro galerías del complejo dan la oportunidad de pasear por el pasado ilustre de la ciudad.
Es tiempo de tomar un descanso y comer. Regresamos sobre nuestros pasos a la Plaçé Arago para degustar el mejor magret de pato con gratin dauphinois en el Café Vienne. Para la bajar la comida decidimos seguir con nuestro recorrido y visitar el Palacio de la Lonja, un precioso edificio de estilo gótico idéntico a sus homólogos de Palma y Valencia.
Un poco más allá en la Plaza Verdum visitaremos el Castillet, una pequeña fortaleza que antiguamente ejercía las veces de puerta de la muralla. En la actualidad es la sede del museo de las Artes y Tradiciones catalanas.
La iglesia de Saint Jaques, Casa Xanxo y la Villa des Tilleuls serán nuestros últimos altos en el camino. La bonita iglesia de Santiago fue finalizada en el siglo XVIII y en su interior guarda magníficos retablos de estilo catalán. Por su parte Casa Xanxo es una de las pocas casas góticas conservada intacta de la ciudad, no deje de admirar los maravillosos detalles de su fachada. Finalmente la Villa Tilleuls donde se asienta el Museo de las Monedas y las Medallas Joseph con su extraordinaria colección de monedas catalanas y rosellonesas.
En nuestro segundo día decidimos visitar mejor los alrededores de Perpiñán y tomar el Petit Train Jaune que hace la ruta desde Tour de Carol a Villefranche de Conflent a través de las Gargantas del río Tet. No se lo pueden perder, este precioso y antiguo tren data de principios del siglo XX y viajar en él es como transportarse al pasado.
Muy poca gente piensa en Perpiñán como en un pueblo costero, pero los escasos kilómetros que lo separan del mar hacen de la ciudad un destino ideal. Canet-en-Roussillon es el pueblo costero más cercano y una de las playas más bonitas de la famosa Cote Merveille. Mi recomendación es regresar a España haciendo un recorrido por la serpenteante carretera que une Canet-en-Roussillon, Argèles-sur-Mer, Collioure y Cerberé los cuatros pueblos más celebres de esta zona de la costa francesa. Disfruten de la puesta de sol y del pescado fresco en alguno de los chiringuitos de la playa.
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